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	<title>Aula Juan XXIII</title>
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		<title>El cristianismo es ayudar a hombres y mujeres a crecer como personas</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Feb 2012 12:01:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fr. Benjamín Monroy, OFM</dc:creator>
				<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[19 de febrero de 2012]]></category>
		<category><![CDATA[Marcos 2 1-12]]></category>

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		<description><![CDATA[Domingo séptimo Homilía Dominical: Fray Benjamín Monroy, OFM Los relatos que hemos escuchado son reconfortantes y consoladores. Nos dicen que nuestros problemas tienen una salida. Todo puede convertirse de nuevo en gracia. Basta creer en la misericordia de Dios y acoger su palabra sanadora: “Voy a realizar algo nuevo”. “Levántate y anda”. Y lo sorprendente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Domingo séptimo</p>
<h4>Homilía Dominical: Fray Benjamín Monroy, OFM</h4>
<p>Los relatos que hemos escuchado son reconfortantes y consoladores. Nos dicen que nuestros problemas tienen una salida. Todo puede convertirse de nuevo en gracia. Basta creer en la misericordia de Dios y acoger su palabra sanadora: “Voy a realizar algo nuevo”. “Levántate y anda”.</p>
<p>Y lo sorprendente es que Dios nos da su gracia antes que se la pidamos. El paralítico estaba tan abatido que no tenía ni fuerzas ni fe para pedírsela. El amor misericordioso de Dios nos otorga lo que no hemos sabido pedir, pero que necesitamos antes que cualquier otra cosa. Basta que nosotros la recibamos.</p>
<p>Quizá estamos paralizados por la desconfianza, el miedo o el desaliento. Felizmente nos llega el Evangelio de Marcos para ayudarnos a liberarnos de la camilla y comenzar a andar con nuestras propias fuerzas. Al principio podrá ser un andar incierto y cansado, pero lleno de dignidad. Y para empezar basta con eso.</p>
<p>La camilla es un instrumento para llevar a un enfermo, pero también es un símbolo. Habla de enfermedad, de dolor, de impotencia, de postración. El evangelio dice que el enfermo curado por Jesús &#8220;tomó su camilla y salió de allí a la vista de todos&#8221;. Este tomar la camilla puede significar asumir el propio pasado de sufrimiento y soledad creyendo en la palabra sanadora de Jesús. </p>
<p>Los seres humanos tenemos muchas cosas que nos paralizan, nos acobardan y nos aturden. Son cosas que nos hacen infelices. ¡Cuánto sufrimiento sin fecha de caducidad existe en muchos seres humanos! Tomar la camilla, es decir, el pasado ya curado significa mirar lo sucedido con mucha paz. Sólo cuando asumimos nuestro pasado en paz podemos tomar nuestra camilla y andar alegres por los caminos de Dios. Si antes la camilla, es decir, el pasado doloroso, era quien sostenía la parálisis del enfermo, ahora es la vida sanada quien sostiene sus recuerdos. Y esto crea una gran diferencia.</p>
<p>La salvación que Jesús nos trae es una salvación que abarca todas las dimensiones de la persona: pasado, presente y futuro, sentimientos, vida social&#8230; Jesús no separa la curación física de la espiritual. Se preocupa por la persona entera y por todos sus problemas. Pero es claro que da prioridad a la liberación del espíritu para que la liberación física no nos haga creer que estamos sanos cuando tenemos el espíritu enfermo.</p>
<p>Lo propio de Jesús y del cristianismo es ayudar a hombres y mujeres a crecer como personas y a desarrollar todas sus capacidades espirituales. En la medida en que el espíritu crece, se libera y está sano, la vida adquiere un profundo sentido. En otras palabras, es importante la economía, la ciencia, la política, el deporte&#8230; pero es más importante que sean vividos por hombres y mujeres que le dan el justo valor a las cosas y saben utilizarlas en libertad.</p>
<p>El relato también nos habla de la importancia de vivir la fe en comunidad. Eran cuatro los que cargaban al paralítico. Cuando se nos paraliza la fe, la comunidad nos empuja y alienta, reza por nosotros y nos ayuda a llevar la cruz. Cuando nosotros somos los fuertes en la fe nos corresponde ser los camilleros de los débiles y abrir agujeros en los tejados de aquellas personas que necesitan aire para respirar o una ventana para descubrir un nuevo horizonte.</p>
<p>¡Qué importante es vivir en un grupo o en una comunidad donde se comparte la fe! Por eso, Dios nos ha puesto en una comunidad, en una Iglesia. Caminamos juntos buscando a Jesús. Lo intentamos entrando por la puerta y, si no se puede, abrimos boquetes en el techo, entre todos, aunque después cada uno tenga su experiencia personal con Él. </p>
<p>No olvidemos que la familia es una pequeña comunidad de fe. Al principio los padres enseñan a sus hijos a caminar en la fe, a estar —como me dijo una mamá— “guapos por dentro y por fuera” dejándose transformar por Dios. Poco a poco pasan a ser sus compañeros y algunas veces los hijos se convierten en las muletas que ayudan a sus padres a caminar con la confianza puesta en el Señor.</p>
<p>El profeta Isaías escribe para un pueblo desterrado y oprimido que se había cerrado a la esperanza. Ni creía ni esperaba en un Dios que obrara en el presente y el futuro. En estas circunstancias, el profeta tiene una visión. Ve caminos en el desierto y ríos en la tierra árida. Ahí donde nosotros sólo vemos desiertos y tierra árida, Dios abre caminos y fecundiza la tierra. Y no es algo del pasado, también sucede en el presente. Por eso, el profeta dice: “Ya está brotando. ¿No lo notan?” La verdad, no es fácil notarlo. Hay que abrir los ojos y los oídos, y acoger la Palabra de Vida. Quien cree no está perdido. En lo más íntimo de su corazón encontrará siempre la fuerza de Dios para levantarse y volver a caminar.</p>
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		<title>Evangelio 7º Domingo Ordinario, B</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Feb 2012 12:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelio de Marcos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
		<category><![CDATA[Evangelio y Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[19 de febrero de 2012]]></category>
		<category><![CDATA[Marcos 2 1-12]]></category>

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		<description><![CDATA[El Hijo del hombre tiene poder para perdonar los pecados. Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;"><em>El Hijo del hombre tiene poder para perdonar los pecados.</em></span></p>
<p>Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.</p>
<p>Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: &#8220;Hijo, tus pecados te quedan perdonados&#8221;. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: &#8220;¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quien puede perdonar los pecados sino sólo Dios?&#8221;</p>
<p>Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: &#8220;¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: &#8216;Tus pecados te son perdonados&#8217; o decirle: &#8216;Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa&#8217;? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados -le dijo al paralítico-: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa&#8221;.</p>
<p>El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: &#8220;¡Nunca habíamos visto cosa igual!&#8221;</p>
<p>Palabra del Señor</p>
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		<title>7º Domingo Ordinario (Marcos 2, 1-12)</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Feb 2012 11:59:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pbro. Pedro Olalde</dc:creator>
				<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[19 de febrero de 2012]]></category>
		<category><![CDATA[Marcos 2 1-12]]></category>

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		<description><![CDATA[Homilía/Oración Pbro. Pedro Olalde Biain 1-   Entró de nuevo en Cafarnaún y, pasados unos días, se supo que estaba en casa. Se congregaron tantos que ya no se cabía ni a la puerta, y él les exponía el mensaje (Mc 2,1-2). Debido a la marginación que sufre tras la curación del leproso, entra en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Homilía/Oración Pbro. Pedro Olalde Biain</h3>
<p>1-   <em>Entró de nuevo en Cafarnaún y, pasados unos días, se supo que estaba en casa. Se congregaron tantos que ya no se cabía ni a la puerta, y él les exponía el mensaje (Mc 2,1-2).</em></p>
<ul>
<li>Debido a la marginación que sufre tras la curación del leproso, entra en la ciudad sin que se advierta. Hasta unos días después no empieza a saberse de su vuelta.</li>
<li><em>Se supo que estaba en casa. </em>La “casa” donde está Jesús es un lugar al que la gente acude como a la sinagoga y donde, como en ella, están instalados algunos letrados (2,6). No puede tratarse, por lo tanto, de la casa de Jesús. Es la casa de la población israelita de Cafarnaún. Es así la casa de todos, no la de un individuo particular.</li>
<li>Esta casa de Cafarnaún representa a la comunidad israelita de Galilea que a través de los letrados, es adoctrinada en la Ley, y que no incluye a los círculos de Jerusalén. La proclamación hecha antes en las sinagogas de toda Galilea (1,39) se completa ahora con la exposición del mensaje, el de la universalidad del Reino.</li>
<li>La presencia de Jesús en Cafarnaún suscita un enorme concurso de gente que bloquea el acceso a la casa. Continúa el entusiasmo por él expresado por Simón y sus compañeros cuando abandonó Cafarnaún (1,37: <em>Todo el mundo te busca). </em></li>
<li>Jesús les expone el mensaje, confirmando lo proclamado por el antes leproso (1,45): que Dios, en su amor, ofrece a todos su Reino y que no reconoce las discriminaciones establecidas por la Ley. Pero Jesús va a ampliar su extensión, abriendo también a los paganos el acceso al reino de Dios. Este contenido del mensaje será puesto en forma de narración.</li>
</ul>
<p>2-   <em>Llegaron llevándole un paralítico transportado entre cuatro. Como no podían acercárselo por causa de la multitud, levantaron el techo del lugar donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico (2,3-4).</em></p>
<ul>
<li>El paralítico y sus portadores son figuras representativas, como aparece por la ausencia de todo dato sobre ellos. No sólo eso, Mc presenta la narración como una escenificación del contenido del mensaje y no como un episodio real.</li>
<li>El paralítico, personaje anónimo y sin voz, es un prototipo de invalidez, el hombre que no puede moverse por sí mismo ni tiene libertad de acción. Los portadores, también anónimos y sin habla, tienen como único rasgo el ser cuatro, que da la clave de su significado: representa los 4 puntos cardinales, la humanidad entera.</li>
<li>El paralítico ocupa el centro, haciendo de sus portadores figuras subordinadas. El episodio es programático: presenta a Jesús como salvador, no sólo de Israel, sino de la humanidad, prefigurando el acceso de los paganos al Reino.</li>
<li>El anhelo de la humanidad por acercarse a Jesús se describe como un intento de los portadores de entrar en la casa. Pero la multitud impide el paso y constituye una dificultad insuperable para realizarlo. Mc. identifica <em>casa </em>con <em>techo: </em>la “casa de Israel” cubre a Jesús, lo oculta al resto de la humanidad, impidiendo el encuentro con él a los no israelitas. La humanidad deseosa de salvación lo “descubre” (“destecharon el techo”), forzando el obstáculo que representa el judaísmo.</li>
<li><em>La camilla. </em>Del paralítico se habla de <em>sus pecados </em>y <em>de su camilla </em>que muestran la relación entre ellas. La camilla es el símbolo del pasado de injusticia (<em>pecados) </em>que inmoviliza al paralítico y del que no puede despegarse <em>(donde yacía). </em>Al descolgar la camilla ponen ante Jesús al hombre y al pasado que lo paraliza.</li>
</ul>
<p>3-   <em>Viendo Jesús la fe de ellos, le dice al paralítico: Hijo, se te perdonan tus pecados. Pero estaban sentados allí algunos de los letrados y empezaron a razonar en su interior: ¿Cómo habla éste así? ¡Está blasfemando!  ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios solo? (2,5-7).</em></p>
<ul>
<li><em>Viendo la fe</em>, es decir, el esfuerzo realizado por los portadores para llegar ante Jesús. La fe es una disposición interior que se hace visible (<em>viendo</em>) en la manera de obrar. La llegada del paralítico/la humanidad hasta Jesús, superando todo obstáculo implica aquella fe, el deseo del reinado de Dios y la confianza en Jesús que lo propone. La fe es adhesión a Jesús como persona y mensaje. La fe incluye el deseo de salvación y la confianza en que Jesús puede y quiere darla (1,40).</li>
<li><em>Se te perdonan tus pecados. </em>Implica que el pasado de injusticia (<em>tus pecados</em>) deja de pesar sobre el hombre, que éste puede comenzar una vida nueva. La declaración de Jesús que está refrendada por Dios, es efectiva: Dios perdona, porque Jesús así lo declara. Juan Bautista no declaraba que los pecados estuviesen perdonados, simplemente expresaba la condición para ello: <em>la enmienda.</em> Jesús declara el perdón sin poner condición alguna: para el cambio de vida basta la fe, y él mismo toma el puesto de Dios.</li>
<li><em>Estaban unos letrados sentados. </em>Son los maestros de la doctrina oficial. Hay solamente “algunos”<em>. Sentados </em>señala su situación estable en la comunidad judía y alude a la doctrina que enseñan y a su condición de jueces de la ortodoxia. Representan la enseñanza contraria a Jesús. Son la figura de la autoridad religiosa interiorizada por los judíos de Cafarnaún y de Galilea, de su conciencia colectiva.</li>
<li>Teniendo en cuenta que el sujeto que emite este juicio son en realidad los oyentes, se ve que el momento es crítico. Se aprecia lo precario de la adhesión que habían dado a Jesús. Siguen dominando en ellos las categorías  religiosas tradicionales. Según ellos, Dios, celoso de sus privilegios, no autoriza a nadie a tomar su puesto.  <em>Se te perdonan tus pecados. </em>Es por esto por lo que tachan a Jesús de blasfemo. Interpretan la declaración de Jesús como una usurpación del privilegio divino.</li>
</ul>
<p>4-   <em>Jesús, intuyendo cómo razonaban dentro de ellos, les dijo al momento: ¿Por qué razonáis así en vuestro interior? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico “se te perdonan tus pecados” o decirle “levántate, carga con tu camilla y echa a andar? (2,8-9).</em></p>
<ul>
<li>Jesús intuye el rechazo oculto de sus oyentes y pone al descubierto su actitud. Si quieren adherirse a él, tienen que optar por su mensaje y descartar la teología oficial del judaísmo. Los israelitas, que se congregan en torno a Jesús, esperan que respete los principios de la tradición. Nuevo maestro, sí, pero sin ruptura con el pasado.</li>
<li>Para resolver el conflicto, desafía a medir el alcance de su autoridad: <em>¿Qué es más fácil? </em>Ellos tendrán que juzgar y sacar las consecuencias. Negar la curación del paralítico equivalía a negar que la humanidad pagana a la que representa, es tan desesperada como la curación de aquél. <em>Decirle al paralítico que eche a andar </em>será el signo del paso de la muerte a la vida. Será la prueba decisiva de la autoridad de Jesús; será la demostración de que no es ningún blasfemo, sino que Dios está con él y él con Dios.</li>
</ul>
<p>5-   <em>Pues para que veáis que el hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados…, le dice al paralítico: A ti te digo: Levántate, carga con tu camilla y márchate a tu casa (2,10-11).</em></p>
<ul>
<li>La actividad divina que ha ejercido “el Hombre” ha sido la de perdonar los pecados. Dios es presentado no como el que va a castigar a los pueblos paganos, sino como el que borra el pasado que los privaba de vida. Sin embargo, para vencer la acusación tácita de sus oyentes, propone Jesús, bajo la figura de la curación del paralítico, una nueva acción más extraordinaria que el perdón concedido: <em>comunicar vida a la humanidad sin fuerzas y sin futuro. </em>De hecho, Mc no habla de “curación” ni utiliza el verbo “curar”, describe la acción de Jesús con el hombre por sus efectos: <em>levantarse, cargar con la camilla y echar a andar. </em>El que estaba prácticamente muerto volverá a vivir y será capaz de disponer de sí mismo.</li>
</ul>
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		<title>Seamos testigos del amor de Jesús</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 12:01:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fr. Benjamín Monroy, OFM</dc:creator>
				<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[12 de febrero de 2012]]></category>
		<category><![CDATA[Marcos 1 40-45]]></category>

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		<description><![CDATA[Domingo sexto Homilía Dominical: Fray Benjamín Monroy, OFM Tocar amablemente a las personas tiene un efecto curativo. Yo creo que todos lo hemos experimentado. No basta hablar. También es necesario callar, dejar las palabras y tocar de verdad, acariciar, extender las manos. El Evangelio de hoy nos invita a redescubrir la fuerza renovadora y limpiadora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Domingo sexto</p>
<h4>Homilía Dominical: Fray Benjamín Monroy, OFM</h4>
<p>Tocar amablemente a las personas tiene un efecto curativo. Yo creo que todos lo hemos experimentado. No basta hablar. También es necesario callar, dejar las palabras y tocar de verdad, acariciar, extender las manos. El Evangelio de hoy nos invita a redescubrir la fuerza renovadora y limpiadora de una simple mirada, de “agarrar la mano”, de “tocar”, sentirse cerca y acompañado por la persona que está a nuestro lado y nos ama.</p>
<p>Los novios y los esposos lo saben muy bien. En una pareja, sobran muchas veces las palabras. Basta acercarse al otro cuando esta adolorido, herido, extender las manos sobre él o ella y tocarlo, abrazarlo. </p>
<p>Jesús lo sabe muy bien. Toca y se deja tocar. Toca lo intocable y se deja tocar incluso por pecadores y enfermos a quienes nadie quiere ni siquiera acercarse. Se dejó tocar por la pecadora que le lavó los pies, se los enjugó con su cabellera y los besó. Tocó al leproso a quien estaba prohibido tocar. </p>
<p>La lepra, en el tiempo de Jesús, era algo más que una enfermedad. El leproso era una persona socialmente impura y, como consecuencia, se convertía en un maldito, en un marginado, en un excluido de la sociedad. Como dice el libro del Levítico, “mientras le dure la lepra, seguirá impuro y vivirá solo, fuera del campamento”. </p>
<p>El aspecto más terrible de la lepra era la marginación. El leproso se convertía en un deshecho humano, en basura. Más grave que la enfermedad —de por sí repugnante y dolorosa— era el aislamiento que la acompañaba. Y esto es terrible. La vida humana es relación. La comunicación es una exigencia del amor. ¡Y cuantas veces nos cerramos a la comunicación! Nos encerramos en nuestro pequeño mundo: mis hijos, mi trabajo, mis problemas, mis ilusiones, mis neurosis, mis crisis&#8230; cuando podemos abrir el corazón al infinito.</p>
<p>Nos da por poner barreras, marcar límites, señalar fronteras y decir: “aquí estamos los buenos; los malos están allá, no son como nosotros”. Marginamos y dejamos fuera lo que es diferente por razón de su tendencia sexual, su nacionalidad, su raza, su cultura, su edad, su origen social, su discapacidad. </p>
<p>Cuando el objetivo fundamental es nuestra comodidad, resulta insoportable el contacto directo con el dolor y la miseria de los demás. Para defender nuestra pequeña felicidad tratamos de evitar toda relación y contacto con los que sufren. La cercanía del niño mendigo, de un discapacitado o de un joven drogadicto nos perturba y molesta. Es mejor mantenerse alejados de ellos. No dejarnos contagiar o manchar por la miseria.</p>
<p>El encuentro de Jesús con el leproso nos muestra la manera como los cristianos deben relacionarse con los demás. Jesús no se deja llevar por los prejuicios. Se acerca al leproso y hace lo que no debería haber hecho. Al extender la mano y tocarlo cruza la frontera y se sitúa al otro. Se hace “impuro”. Eso era lo que significaba en aquel mundo judío “tocar” a un leproso. Pero si es necesario, Jesús no duda en romper la norma, lo establecido, los programas, puesto que las personas están por encima de los proyectos.</p>
<p>A Cristo lo seguimos encontrando más allá de las fronteras, del lado de los que sufren, de los que son excluidos y de los que se excluyen a sí mismos porque han perdido la esperanza en la vida y en la sociedad. Por eso, no tengamos miedo de cruzar la frontera y “tocar” lo diferente. No nos dejemos llevar por los prejuicios. Extendamos la mano y toquemos, como lo hizo Jesús. Entonces seremos testigos del amor de Dios que salva, reconcilia, acoge y cura.</p>
<p>Sin embargo, para que esto suceda, quizá necesitamos que Jesús nos &#8220;limpie&#8221; de nuestra indiferencia, comodidad, arrogancia, racismo. O quizá necesitamos que nos cure del desaliento y del derrotismo. Necesitamos que su mano nos toque para que encienda intensamente nuestra alma y corazón. Necesitamos sentir su cercanía en estos momentos difíciles de la sociedad, del mundo y de la Iglesia. El contacto con Cristo quiebra nuestra soledad y cura nuestra desconfianza.</p>
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		<title>Evangelio 6º Domingo Ordinario, B</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 12:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelio de Marcos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
		<category><![CDATA[Evangelio y Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[12 de febrero de 2012]]></category>
		<category><![CDATA[Marcos 1 40-45]]></category>

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		<description><![CDATA[Se le quitó la lepra y quedó limpio Marcos 1, 40-45 En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: &#8220;Si tú quieres, puedes curarme&#8221;. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: &#8220;¡Sí quiero: Sana!&#8221; Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;"><em>Se le quitó la lepra y quedó limpio</em></span></p>
<h3>Marcos 1, 40-45</h3>
<p>En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: &#8220;Si tú quieres, puedes curarme&#8221;. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: &#8220;¡Sí quiero: Sana!&#8221; Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.</p>
<p>Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: &#8220;No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés&#8221;.</p>
<p>Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes.</p>
<p>Palabra del Señor</p>
]]></content:encoded>
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		<title>6º Domingo Ordinario (Mc 1, 40-45)</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 11:59:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pbro. Pedro Olalde</dc:creator>
				<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[12 de febrero de 2012]]></category>
		<category><![CDATA[Marcos 1 40-45]]></category>

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		<description><![CDATA[Homilía/Oración Pbro. Pedro Olalde Biain 1-   Acudió a él un leproso y le suplicó de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme” (Mc 1,40). Según la religión judía, el leproso era impuro por su enfermedad y se le consideraba excluido de Dios y del pueblo elegido (Lc 13,45s). Era transmisor de impureza tanto a personas como a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Homilía/Oración Pbro. Pedro Olalde Biain</h3>
<p>1-   <em>Acudió a él un leproso y le suplicó de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme” (Mc 1,40).</em></p>
<ul>
<li>Según la religión judía, el leproso era impuro por su enfermedad y se le consideraba excluido de Dios y del pueblo elegido (Lc 13,45s). Era transmisor de impureza tanto a personas como a objetos. Vivía en despoblado y tenía que avisar a gritos su estado de impureza. Era un maldito, un castigado por Dios.</li>
<li>Con este relato Marcos termina la predicación itinerante de Jesús en las sinagogas de Galilea y muestra que lo presenta como una conclusión y una denuncia: en su recorrido, Jesús se ha dado cuenta de la marginación religiosa, problema candente en toda la región y quiere afirmar su postura ante él; con ello va a sacudir los cimientos teológicos del judaísmo y expondrá las implicaciones de su alternativa.</li>
<li>El leproso representa a los marginados de Galilea. Según la doctrina oficial judía, no había para el leproso acceso a Dios ni a su Reino. La proclamación de Jesús en Galilea es una luz que le abre a la esperanza. El deseo de salir de la marginación le empuja al leproso a faltar a la Ley, y se acerca a Jesús.</li>
<li><em>Si quieres, puedes limpiarme.</em> El leproso desea que Jesús elimine el obstáculo que lo priva del amor de Dios y le impide participar en el Reino que se anuncia (1,14). Es la reacción de los marginados a la predicación de Jesús.</li>
<li>No se utiliza el verbo <em>curar, </em>que subrayaría el aspecto físico de la lepra, sino <em>limpiar/purificar, </em>que resalta el aspecto religioso. Lo que interesa ante todo al leproso es conseguir su relación con un Dios que lo rechaza.</li>
</ul>
<p>2-   <em>Conmovido, extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero, queda limpio”. Al momento, se le quitó la lepra y quedó limpio (1,41-42).</em></p>
<ul>
<li>Jesús <em>se conmueve </em>ante la miseria del hombre. <em>Conmoverse, </em>aplicado en el NT solo a Dios y a Jesús, se utilizaba en la literatura de la época para expresar la ternura del amor de Dios por los hombres. Mc atribuye así a Jesús una cualidad propiamente divina: el Hijo de Dios (1,10) se comporta como Dios mismo.</li>
<li>Jesús le <em>toca. </em>Jesús que tiene autoridad divina, niega con su gesto que Dios excluya de su favor al leproso e invalida así el fundamento teológico de la impureza. Y hace presente la acción divina que saca de la opresión al leproso, que al acercarse a Jesús, violaba la Ley; ahora Jesús completa la violación cometiendo él mismo una transgresión (Lv 5,3; Nm 5,2) más grave que la del hombre. De este modo, Jesús invalida el fundamento teológico de la impureza.</li>
<li>La respuesta de Jesús es: <em>Quiero, queda limpio. </em>La Ley no tiene piedad de la miseria del hombre, y lo margina. Jesús se conmueve ante ella, y lo acepta, poniendo su bien por encima de la Ley. El leproso queda limpio. Sucede lo contrario de lo afirmado por la Ley. En vez de quedarse Jesús impuro por tocar al leproso, éste queda limpio por el contacto y las palabras de Jesús.</li>
</ul>
<p>3-   <em>Le regañó y lo sacó fuera en seguida diciéndole: “¡Mira, no le digas nada a nadie! En cambio, ve a que te examine el sacerdote y ofrece por tu purificación lo que prescribió Moisés como prueba contra ellos” (1,43-44).</em></p>
<ul>
<li>El leproso se ve a sí mismo aceptado por Dios, por la acción de Jesús. Pero, como le habían enseñado en la sinagoga, sigue creyendo que antes Dios lo rechazaba, y esta concepción de Dios es intolerable para Jesús. Por eso <em>le regaña. </em>El ex leproso tiene que abandonar la idea de que Dios excluye de su amor a algún hombre, cualquiera que sea su condición.</li>
<li>El causante de la marginación no ha sido Dios, sino la institución religiosa, que, además, le ha impedido conocer a Dios, proponiéndole una doctrina falsa sobre él. Tiene que convencerse de que ni la doctrina ni la praxis de la institución proceden de Dios, sino que se oponen a él. Es decir, el leproso tiene que liberarse de la creencia en la institución que injustamente lo marginaba y de nuevo podría marginarlo.</li>
<li>A este hombre, que representa a todos los marginados, Jesús lo saca de su sumisión al sistema. Éste lo marginaba enseñándole, en nombre de Dios, la doctrina de lo puro e impuro; pero esta doctrina es falsa, Dios no es así.</li>
<li>El AT atribuía a Dios las interminables prescripciones sobre la integración de un leproso curado, mostrando un Dios meticuloso, exigente y difícil de contentar. Para Jesús, toda la legislación sobre lo puro e impuro son preceptos humanos, no divinos. Al promulgar estas prescripciones, Moisés no reflejó la voluntad de Dios, sino que cedió a la dureza del pueblo y denunció su falta de misericordia (cf 10,5).</li>
<li>El origen humano, no divino, de la marginación se confirma con la expresión <em>como prueba contra ellos, </em>inspirada en Dt 31,26: “Tomad el libro de esta Ley y colocadlo… estará allí como <em>prueba/testigo ante ti, </em>es decir, contra el pueblo, por su infidelidad a Dios. Era la prueba contra una sociedad que no ayudaba al marginado ni se interesaba por él; demuestra que el pueblo, sin compasión ni amor al hombre, no conocía a su Dios. La institución y sociedad judías eran así inaceptables para Dios.</li>
</ul>
<p>4-   <em>Él, cuando salió, se puso a divulgar el mensaje a más y mejor; en consecuencia, Jesús no podía ya entrar manifiestamente en ninguna ciudad; se quedaba fuera, en despoblado, pero acudían a él de todas partes (1,45).</em></p>
<ul>
<li>Con la expresión <em>cuando salió </em>quiere decir Mc <em>al independizarse de la institución religiosa, retirándole su adhesión. </em>La experiencia del amor de Dios y la libertad adquirida causan en el hombre una alegría tal que no puede contenerla. Con esto el hombre se convierte en anunciador de que Dios no es como se lo habían presentado sino que ofrece a todos su amor.</li>
<li>Este anuncio del que fue leproso acarrea la marginación del mismo Jesús. Afirmar que Dios acepta a los que la religión excluye es peligroso, margina  de la sociedad a Jesús, que  se convierte en un impuro para la Ley. Por eso, no puede entrar en ninguna ciudad importante. Se queda fuera, en despoblado, como un leproso. Se produce una consecuencia inesperada: acude a Jesús gente de todas partes. Le muestran su adhesión a Jesús, el que pone fin a la discriminación entre puros e impuros y afirma el amor universal de Dios.</li>
</ul>
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		<title>Anunciar el Evangelio</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 12:01:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fr. Benjamín Monroy, OFM</dc:creator>
				<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[5 de febrero de 2012]]></category>
		<category><![CDATA[Marcos 1 29-39]]></category>

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		<description><![CDATA[Domingo quinto Homilía Dominical: Fray Benjamín Monroy, OFM Aunque Dios nos ha creado para disfrutar de la vida, para vivir con la cabeza alta y gozar junto con los demás la gracia de la salvación, lo cierto es que hay veces, ante situaciones difíciles, en que nos enroscamos en el pesimismo, nos volvemos sobre nosotros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Domingo quinto</p>
<h4>Homilía Dominical: Fray Benjamín Monroy, OFM</h4>
<p>Aunque Dios nos ha creado para disfrutar de la vida, para vivir con la cabeza alta y gozar junto con los demás la gracia de la salvación, lo cierto es que hay veces, ante situaciones difíciles, en que nos enroscamos en el pesimismo, nos volvemos sobre nosotros mismos y llegamos a pensar que esta vida no vale la pena.</p>
<p>La imagen de Job —de la cual nos ha hablado la primera lectura— nos puede resultar antipática, pero también atractiva porque, de alguna manera, nos vemos retratados en ella. Job ha perdido todo: sus hijos, sus posesiones, su salud. Se le han ido derrumbando, uno tras otro, todos sus puntos de apoyo. Ya no le quedan razones para seguir confiando: “Mis días se consumen sin esperanza”.<br />
Llega un día en que nosotros nos vemos en una situación parecida. Sea porque el dolor y la enfermedad nos visitan, o porque los problemas y la crisis nos agobian. El desaliento, tarde o temprano, acaba llamando a nuestra puerta y, en el peor de los casos, se instala en el rincón más confortable de nuestra casa. Desde ese momento, la vida empieza a perder sentido. Cosas que antes nos entusiasmaban, ahora nos aburren; palabras que otras veces nos confortaban, ahora nos parecen vacías. Nos cerramos sobre nosotros. Nuestro horizonte se achica. Ya no nos queda sensibilidad para nada que no sea nuestro propio dolor. No nos importa si los demás sufren. Y para colmo de los males, parece como si Dios se olvidara de nosotros, o que se ha ido. Puede ser que empecemos a preguntarnos si de verdad existe.</p>
<p>Ante la desgracia, los hombres y las mujeres de fe no dudan de Dios, más bien lloran y gritan poniendo en duda su providencia. ¿Cómo es posible que esto ocurra? ¿Por qué Dios lo consiente? ¿Qué hemos hecho para merecer tanto? Nos empeñamos en comprender lo que nos desborda, lo que tan sólo desde una perspectiva de eternidad podremos ver claro.<br />
Es un hecho que no es posible en esta vida temporal un mundo en el que no se vayan alternando el día y la noche, la lluvia y el sol, el verano y el invierno, la infancia y la vejez, las risas y las lágrimas. La vida oscila entre el miedo y la esperanza. Por eso, necesitamos contactos humanos, manos amigas, corazones que se compadezcan, palabras que eleven la moral abatida.<br />
En el Evangelio Jesús aparece como esa mano amiga y ese corazón compasivo. Su primera respuesta fue despertar la esperanza: llegará un día en que no exista ya el dolor, el llanto y la muerte. Y para que sus palabras no quedaran en bellas promesas, dio una respuesta concreta e inmediata: salió al encuentro de los abatidos por padecimientos físicos, psicológicos y espirituales para sanarlos De todas partes acudían a él y todos eran curados de sus dolencias y enfermedades.</p>
<p>Cristo no tiene una respuesta teórica para el sufrimiento, para la enfermedad o la muerte. Lo que hace es luchar apasionadamente contra ellos. Su actitud es una invitación a vivir luchando en contra de todo mal, a crecer a pesar de ellos y en medio de ellos.</p>
<p>Cuando la limitación, la frustración, la tribulación nos desborden y estamos a punto de perder la confianza, hay que utilizar el arma que utilizó Jesucristo: el amor. El amor no nos permite permanecer indiferentes ante nada en este mundo.</p>
<p>Entonces, un viento inesperado viene a soplar sobre nuestras cenizas y descubre que, en el fondo de las cenizas, quedaban pequeñas brasas, un poco de fe encendida. Es el aliento del Espíritu que aviva en nosotros de nuevo el aliento de vida en la tempestad. Es Jesús que llega a nuestra casa, entra en la habitación donde “la fiebre” nos tenía atrapados, nos toma de la mano y nos levanta. Es Dios, que estaba ahí, que no se ha marchado, que estaba más cerca precisamente porque sufríamos. Él mismo ha experimentado lo que se siente en la cruz.</p>
<p>Y comenzamos de nuevo a percibir que la vida es bella, que no estamos solos, que hay otros problemas además de los nuestros, dolor y alegría más allá de nuestros muros. Y se nos va encendiendo otra vez la sensibilidad para sentir compasión y la generosidad para ir en busca del que nos necesita, tal como hizo la suegra de Pedro: “Se le pasó la fiebre y se puso a servirles”. Entonces, nuestros problemas no nos parecen tan grandes, no necesitan que le prestemos tanta atención. Puede ser que no desaparezcan; pero ya es otra cosa. Hay una urgencia nueva en nuestra vida: ayudar a aquellos que permanecen encerrados en su dolor a que descubran que Dios está ahí y los ama, se pongan de pie y se incorporen a la marcha de la vida.</p>
<p>Quien ha vivido en carne propia el suplicio del sufrimiento y del desaliento, y ha experimentado después la caricia de Dios poniéndolo de pie, ya no puede callar. Con san Pablo puede decir: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!”.</p>
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		<title>Evangelio 5º Domingo Ordinario, B</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 12:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelio de Marcos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
		<category><![CDATA[Evangelio y Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[5 de febrero de 2012]]></category>
		<category><![CDATA[Marcos 1 29-39]]></category>

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		<description><![CDATA[Curó a muchos enfermos de diversos males. Marcos 1, 29-39 En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff6600;"><em>Curó a muchos enfermos de diversos males.</em></span></p>
<h3>Marcos 1, 29-39</h3>
<p>En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.</p>
<p>Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.</p>
<p>De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: &#8220;Todos te andan buscando&#8221;. Él les dijo: &#8220;Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido&#8221;. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.</p>
<p>Palabra del Señor.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>5º Domingo Ordinario (Mc 1, 29-39)</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 11:59:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pbro. Pedro Olalde</dc:creator>
				<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[5 de febrero de 2012]]></category>
		<category><![CDATA[Marcos 1 29-39]]></category>

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		<description><![CDATA[Homilía/Oración dominical Pbro. Pedro Olalde Biain 1-   En seguida, al salir de la sinagoga, fue a casa de Simón y Andrés, en compañía de Santiago y Juan (Mc 1,29). De la sinagoga, símbolo del judaísmo oficial, Jesús pasa a un lugar privado, la casa de dos de sus seguidores, Simón y Andrés. Únicamente Santiago y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Homilía/Oración dominical Pbro. Pedro Olalde Biain</h3>
<p>1-   <em>En seguida, al salir de la sinagoga, fue a casa de Simón y Andrés, en compañía de Santiago y Juan (Mc 1,29).</em></p>
<ul>
<li>De la sinagoga, símbolo del judaísmo oficial, Jesús pasa a un lugar privado, la casa de dos de sus seguidores, Simón y Andrés. Únicamente Santiago y Juan acompañan al maestro desde la sinagoga a la casa; son la pareja de hermanos que pertenecen al Israel más tradicional.</li>
<li>Simón y Andrés, en cambio, no han asistido al culto en la sinagoga. Se insinúa así su disconformidad con la institución religiosa judía. Así pues, el grupo inconformista recibe en su casa al que lo es menos, pero que, por la esperanza del Reino, ha abandonado al padre, figura de la tradición y obediencia a la autoridad.</li>
</ul>
<p>2-   <em>La suegra de Simón yacía en cama con fiebre. Le hablaron en seguida de ella (1,30).</em></p>
<ul>
<li>La suegra está enferma en cama y tiene <em>fiebre</em>, palabra relacionada con <em>fuego, </em>en griego. Esta fiebre/ fuego impide toda actividad, especialmente el servicio a los demás, tan característico de los seguidores de Jesús. Curarla de la fiebre significará habilitarla para el servicio.</li>
<li>Hay una alusión velada al fuego/celo de Elías, el profeta de fuego (1Re 19,10.14). El fuego aparece así como figura del ardiente celo reformista y violento propio de ciertos círculos de la época. Aparece la actitud antiinstitucional de Simón, manifestada al no asistir a la sinagoga.</li>
<li>La fiebre de la suegra refleja la actitud de algunos círculos caracterizados por su celo contra la corrupción y la injusticia de las instituciones, a los que está vinculado Simón, definido como un reformista violento.</li>
<li>Los que informan a Jesús de la suegra son intermediarios que conocen el programa de Jesús y colaboran con él. No comparten el celo reformista de Simón y saben que se opone al seguimiento de Jesús. No les preocupa que sea día de sábado, en el que, según los letrados, no se puede curar. La acción liberadora de Jesús se realiza gracias al interés de sus seguidores.</li>
</ul>
<p>3-   <em>Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirles (1,31).</em></p>
<ul>
<li><em>La levantó =</em> la hizo persona nueva, la liberó de la opresión de una ideología que priva al hombre de vida. La <em>fiebre </em>tiene aquí el significado de <em>posesión, </em>y<em> </em>representa una ideología incompatible con el programa de Jesús.</li>
<li>El efecto inmediato del contacto con Jesús y de la experiencia de su fuerza es la actividad que se concreta en el servicio a los presentes. Se deduce que la fuerza de vida comunicada por Jesús es el Espíritu, el mismo que lo ha capacitado a él para llevar a cabo su misión.</li>
</ul>
<p>4-   <em>Caída la tarde, cuando se puso el sol, le fueron llevando a todos los que se encontraban mal y a los endemoniados. La ciudad entera estaba congregada a la puerta (1,32-33).</em></p>
<ul>
<li>Con la puesta del sol terminaba el sábado y daba comienzo el nuevo día. Cesaba así la obligación del descanso festivo y se podía curar libremente.</li>
<li>La gente de Cafarnaún, aunque ha perdido la fe en sus maestros, sigue creyendo en su doctrina; para ellos, los principios de la institución conservan su validez, por eso han estado esperando a que terminase el sábado; la enseñanza oficial sigue dominando.</li>
<li>La actitud de los dos grupos con respecto al sábado se ha convertido en el punto diferenciador: la enseñanza de los letrados (y la gente de Cafarnaún) lo ha convertido en impedimento para la vida. Por el contrario, para Jesús y los suyos no hay diferencia entre el tiempo sagrado (sábado) y profano.</li>
<li>Aparecen de nuevo los colaboradores anónimos <em>(le fueron llevando; le hablaron de ella). </em>Todo aquel que está en mala situación es llevado ante Jesús; comprenden la universalidad de su programa liberador. No fuerzan la manera de pensar de aquellos a quienes ayudan.</li>
<li>Jesús cura a dos clases de gente: a) <em>A los que se encontraban mal.</em> Son los enfermos. Alude a Ez 34,4 (contra los pastores de Israel): “No aliviáis a las ovejas <em>que se encuentran mal”, </em>imagen de la indiferencia de los dirigentes ante el sufrimiento y la opresión del pueblo. B) <em>A los endemoniados.</em> Son los agitados por espíritus; se trata de fanáticos alienados por la ideología nacionalista y violenta, inaceptable para Dios. Son los poseídos por un espíritu inmundo que se dejan llevar por su actitud violenta.</li>
<li><em>La ciudad entera estaba congregada a la puerta. </em>Esta frase describe la actitud de la población respecto a Jesús. El público de la sinagoga había quedado desconcertado por no comprender el programa de Jesús: éste había mostrado su autoridad, pero había rechazado la propuesta mesiánica. Ahora que lo ven en la casa que representa a los círculos reformistas violentos (Pedro…), creen comprender el programa de Jesús: es un líder que, usando la fuerza, pretende reformar las instituciones. A este programa dan su completa adhesión.</li>
</ul>
<p>5-   <em>De mañana, muy oscuro, se levantó y salió; se marchó a despoblado y allí se puso a orar. Echó tras él Simón… y le dijeron: ¡Todo el mundo te busca! 35s.</em></p>
<ul>
<li><em>Allí…</em> subraya el contraste con la ciudad de donde ha salido, en la que están vigentes los principios de la institución judía. Jesús ora desde el ámbito de su propia ruptura. Jesús pide a Dios que los que él ha llamado renuncien a los valores e ideales de la institución judía y comprendan que él no pretende establecer un poder enfrentado al existente para derrocarlo por la fuerza sino mediante la entrega personal (1,9), para fundar una sociedad nueva, <em>el Reino de Dios. </em>El éxito de la misión está en peligro.</li>
<li><em>Todo el mundo te busca, </em>alusión a la gente de Cafarnaún. Su intención era retenerlo a Jesús en la ciudad para hacer de él su líder. Simón y sus compañeros comparten el deseo de la gente de que Jesús se enfrente a la institución. Es la tentación del poder popular. Simón y los suyos no entienden que la misión de Jesús no está en la lucha con la institución judía, sino en la creación de una alternativa a ella. <em>Vámonos a otra parte </em>expresa el rechazo de Jesús a quedarse en Cafarnaún para ser líder político. Su objetivo es el anuncio de la buena nueva (1,14s)</li>
</ul>
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		<title>Demos testimonio de nuestra fe con nuestra vida</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 12:01:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fr. Benjamín Monroy, OFM</dc:creator>
				<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[29 de enero de 2012]]></category>
		<category><![CDATA[Marcos 1 21-28]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Domingo cuarto</p>
<h4>Homilía Dominical: Fray Benjamín Monroy, OFM</h4>
<p>Hace algunos meses vi impresa en la camiseta de un joven esta leyenda: “No leyes &#8211; no reglas”. Las reglas, la autoridad, se ven como un ataque a la libertad. Existe hoy una crisis de autoridad. Los padres, los profesores, los gobernantes se quejan de que han perdido autoridad.</p>
<p>Pero es un hecho que la sociedad no funciona sin una autoridad clara y definida. Los hombres y mujeres tenemos una tendencia al caos y sin una autoridad nos hundimos en el desorden. Sin reglas de tránsito, el tráfico sería un caos. Si un entrenador de fut bol pierde autoridad, un jugador o un grupo de jugadores manipulan el equipo. Si un adolescente rechaza la autoridad paterna, encontrará un líder callejero que lo manipule.</p>
<p>Pero hay maneras y maneras de ejercer la autoridad. A veces, se ejerce con arrogancia, a través de la fuerza y de la imposición. Con mucha frecuencia la autoridad no está puesta al servicio del bien común, sino de los intereses particulares de un grupo. Con frecuencia la autoridad jurídica no va acompañada de la autoridad moral.</p>
<p>Jesús de Nazaret aparece en el relato de hoy como un hombre lleno de autoridad. Por dos veces se dice que tenía una autoridad nueva y diferente. ¿Cuál era la novedad de Jesús? </p>
<p>Jesús no dispone de policía ni de ejércitos ni de jueces que apliquen sus leyes. Le acompaña un grupito de gente simple y sin estudios especiales. Se acerca a la gente sin ningún protocolo para darles a Dios. Habla de Dios porque es lo que lleva en el corazón. Su Dios no es lejano y amenazador, sino un Padre cercano, lleno de misericordia y perdón. Es un Dios que quiere la vida y no la muerte. En la simplicidad y en la transparencia de las palabras y de los gesto de Jesús se revela el poder y la autoridad de Dios. El poder de Jesús es el poder de Dios.</p>
<p>Por eso, su autoridad amplía el horizonte, crea espacios de libertad y lugares de comunión, ayuda a crecer, a salir de todo aquello que esclaviza.</p>
<p>Nuevamente comprobamos que el cristianismo no es una bella teoría sobre Dios, sino la fuerza de Dios en el mundo, manifestada en la liberación del mal que todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser y manifestamos al exterior. </p>
<p>La palabra de Jesús tiene poder. Basta que le diga al espíritu impuro: “Cállate y sal de él” para que aquel hombre enfermo quede libre del mal que le oprime. Desafortunadamente, hoy no es frecuente escuchar palabras que tengan el peso suficiente para calarnos hasta el fondo, curarnos y liberarnos. Nuestra sociedad —que todo lo comercializa— ha comercializado la palabra y la ha convertido en una ciencia para manipular y esclavizar a las masas. La comercialización de la palabra la podemos ver, entre otras cosas, en las técnicas de la propaganda, llevadas en ocasiones hasta el absurdo en los anuncios comerciales y durante las campañas electorales.</p>
<p>Pero la fuerza auténtica de la palabra la encontramos en las actitudes del que habla, en el mundo interior que manifiesta, en la vida que palpita detrás de esas palabras. ¿Queremos comunicar fe? Seamos creyentes. ¿Queremos descubrir la salvación a los demás? Experimentemos la salvación. ¿Queremos comunicar el amor de Dios? Llenemos nuestro corazón de su ternura y su Amor</p>
<p>Siempre que hablamos en nombre de Dios y tratamos de ser fieles a su Palabra, hablamos con autoridad. No con la nuestra: es la autoridad de Dios la que da fuerza a nuestras palabras. Siempre que damos testimonio de nuestra fe con nuestra vida, Dios habla a través nuestro y nuestras palabras participan de la misma autoridad de Jesús.</p>
<p>Es de sobra conocido que la Iglesia tiene poder. A veces nos limitamos a considerar el poder terrenal que tiene y escandalizarnos de él. Pero ¿cuál es el verdadero poder de la Iglesia? Es el poder de dar la vida de Dios en el Bautismo y en la Eucaristía, el poder de perdonar y reconciliar, el de anunciar la Palabra de Dios con autoridad, el de sanar las heridas&#8230; Son cosas de las que estamos muy necesitados y que nos hacen mucho bien.</p>
<p>Pero es necesario que exista coherencia en la predicación y la acción de Iglesia. Si la Iglesia predica misericordia, debe ser misericordiosa; si predica justicia, debe ser justa; si predica acogida y cercanía, debe ser cercana y acogedora; si predica humildad y servicio, especialmente a los más necesitados, debe ser humilde y servidora de los últimos; si dice que es discípula de Cristo, debe vivir al estilo de Cristo y según su Espíritu. Y como todos los bautizados somos Iglesia, todos debemos actuar así.</p>
<p>No basta con leer y escuchar el Evangelio cada semana en las misas de domingo. Pidamos a Dios sabiduría para llevar con autoridad y poder la Buena Noticia a este mundo que cambia tan rápidamente. Jesús no nos ha dejado un manual con recetas para todos los problemas de la existencia, sino una vida y unos principios para que, en cada tiempo histórico, encontremos respuestas a esta realidad tan cambiante.</p>
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