4º Domingo Ordinario (Mc 1, 21-28)
29 de enero de 2012
Homilía/Oración dominical Pbro. Pedro Olalde Biain
1- El sábado entró en la sinagoga e inmediatamente se puso a enseñar (Mc 1,21).
- Jesús entra en la sinagoga de los judíos, una vez comenzada la reunión. No es su sinagoga, sino la de ellos (1,39). Movido por su propia autoridad se pone a enseñar. A los integrados en el sistema institucional judío les va a invitar a liberarse de él.
- Aunque no se menciona la materia de su enseñanza, ésta se halla resumida en el 1,15: la necesidad de enmienda y la aceptación de la buena noticia. Jesús espera de ellos que cambien de actitud y descubran su necesidad.
2- Estaban impresionados de su enseñanza, pues les enseñaba como quien tiene autoridad, no como los letrados (1,22).
- La autoridad de Jesús venía de la plenitud del Espíritu. Era divina. La de los letrados era la concedida por la institución judía. El auditorio es consciente de la extraordinaria autoridad de Jesús, que enseña no como los letrados.
- Lo lógico hubiera sido que el público hubiera aceptado la enseñanza de Jesús y rechazado la de los letrados. Pero no se afirma nada de esto. Hacen solo una valoración sobre el modo de enseñar de Jesús y los letrados.
3- Estaba en la sinagoga de ellos un hombre poseído por un espíritu inmundo e inmediatamente empezó a gritar (1,23).
- En medio de este clima de aprobación general, resuena una voz discordante. No es un judío, sino un hombre, de categoría universal. Es miembro de la sinagoga y está poseído por un espíritu inmundo. Pertenece a la asamblea sinagogal. Recibe la enseñanza de los letrados y vive en el engaño de la práctica sin vida de la Ley, igual que los demás. Ha oído la enseñanza de Jesús y se ha dado cuenta de su gran autoridad.
- El hombre está poseído por un espíritu inmundo, que le sitúa en contra de Dios. Es fuerza que le despersonaliza. Vive fuera de la verdadera libertad. Este hombre interrumpe la enseñanza de Jesús. Lo que dice expresa que es un incondicional de la institución, representada por los letrados.
- Para este hombre la institución goza de autoridad divina a la que no puede contrariar ni el mismo Jesús. Cree que la tradición oral, objeto de la enseñanza de los letrados, es de origen divino.
- Se percibe una equivalencia entre estar poseído y dar una adhesión incondicional a la institución judía. El hombre representa al fanatismo de una ideología de poder.
4- ¿Qué tienes tú contra nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú, el Consagrado de Dios (1,24).
- Es sorprendente que el hombre que habla en singular, pase, de repente, al nosotros. Interpreta la acción de Jesús como un peligro para él y el grupo al que pertenece, diferente del público de la sinagoga, que ha aplaudido a Jesús. Este nosotros abarca tanto al poseído como a los letrados. Así el hombre grita, porque está poseído e identificado con la doctrina de los letrados y de su institución.
- Según Marcos, el espíritu inmundo viene a significar la absolutización de la institución judía y de sus valores. Son los letrados quienes provocan con su enseñanza la posesión, alejando al hombre de Dios y alienándolo.
- Incapaces de una mínima crítica, la doctrina de los letrados representa el fanatismo y es la ideología de un Dios legalista que expresa su voluntad en la ley y quiere la exaltación y hegemonía de Israel y la humillación y sometimiento de los gentiles.
- ¿Has venido a destruirnos? El endemoniado no piensa en la alternativa que ofrece Jesús. Sencillamente, cree que la intención de Jesús de destruir la institución judía, es negativa. Hay un reconocimiento de que Jesús es más fuerte (1,8) que la institución judía y subraya la incompatibilidad entre ésta y la liberación que él realiza.
- Sé que eres el Consagrado por Dios, en boca del endemoniado proclama al Jesús de la expectación popular, que busca la gloria de Israel como pueblo, restauración de la monarquía davídica, dominio de los paganos y obediencia a las instituciones y a la Ley. Pretende que Jesús adopte como programa la obtención del poder político en Israel. El Dios que menciona el poseído no es el de Jesús. El de éste, el Padre, ha aceptado el compromiso de Jesús de recorrer su camino de entrega hasta el fin.
5- Jesús le conminó: ¡Cállate la boca y sal de él! (1,25).
- Jesús rechaza la propuesta enérgicamente. No admite diálogo (Cállate) sobre un tema para él muy claro. Y libera al endemoniado de su mal espíritu, del domino ideológico que lo esclaviza, disfrazado de fidelidad religiosa y espíritu patriótico. No quiere hacerse líder de un movimiento político nacionalista. Desea ser fiel a su entrega por la salvación de la humanidad.
6- El espíritu inmundo, retorciéndolo y dando un alarido, salió de él. Se quedaron todos ellos desconcertados y se preguntaban: ¿Qué significa esto? ¡Un nuevo modo de enseñar con autoridad, e incluso da órdenes a los espíritus inmundos y le obedecen! Su fama se extendió… (1,26-28).
- Se cumple la orden de Jesús y el endemoniado es liberado de su espíritu inmundo, que lo violenta por última vez, mostrando la esclavitud a la que le tenía sometido. Expulsar el espíritu expresa quitar el influjo de la institución judía sobre el hombre.
- La impresión producida por Jesús es enorme. Ha desconcertado al auditorio, que no sabe catalogarle a Jesús: eso sí, le creen superior a los letrados y a la institución judía, pero no saben asignarle como Mesías, su proyecto salvador.
- Según lo sucedido en la sinagoga, la fama de Jesús que se difunde, lleva en sí la grandeza de su persona y de su acción y el descrédito de los letrados.





