Nuestra Señora de Guadalupe, Lc 1,39-48

12 de diciembre de 2010

Homilía dominical Pbro. Pedro Olalde Biain

1- Introducción

Guadalupe es un símbolo de liberación y revelación. Expresa por un lado la defensa que hace Dios de los oprimidos y su compromiso liberador, como en Egipto con los judíos; y muestra, al mismo tiempo, que es verdad lo que dice el evangelio: que Dios se revela a los sencillos. Frente a Juan Diego, que recibe la revelación de Dios, los clérigos y teólogos, aún siendo gente buena, como el arzobispo Juan de Zumárraga, no captan el misterio, hasta que quedan deslumbrados por el milagro. Poco importa en este caso, como en muchos episodios bíblicos, la verdad de cada detalle del misterio, incluso del hecho en sí mismo y de la existencia de San Juan Diego. Poco importa que algunos lo nieguen. El gran valor de la fiesta de hoy está en la liberación y revelación que representa.  Después, las clases medias y pudientes se apoderan de la fiesta o quieren apoderarse de ella en muchas partes, para mixtificarla como hacen con el evangelio. Pero la basílica misma nadie la puede falsificar, porque está llena de mestizos e indígenas, como los destinatarios inevitables de este evangelio vivo que es el misterio de Guadalupe. Podrá estar mixtificada esta fiesta en la Basílica del mismo nombre en El Salvador y en otras partes; pero no en la mayoría de las celebraciones de la Villa de DF. ¿Una síntesis de dos culturas que chocan y se funden, como ha dicho algún teólogo? Sí, pero mucho más que eso: el evangelio de los pobres, marginados e indefensos, hecho carne y vida. Ni aunque le pinten a Juan Diego casi como un caballero español, con barba y entrantes en la cabeza, lograrán el misterio de los pobres, misterio liberador y revelador de Dios, expresado por la aparición de la Virgen.

El evangelio de hoy, con la visita de María a Isabel y su cántico de alabanza y liberación, nos anuncia la liberación universal de los tiempos mesiánicos, que quiso proclamar la Virgen del Magníficat y la de Guadalupe, que es una y la misma. La Virgen alaba a Dios por haberse fijado en una mujer de baja condición como ella y después canta el triunfo de la Humanidad Nueva, en la plena solidaridad del mundo desde los pobres.

2. María portadora de salvación (V. 39-41)

El texto de hoy, lo mismo que todos los pasajes de la infancia de Jesús, está muy elaborado por el evangelista. Lo más importante es la revelación que se nos quiere comunicar: cómo era el alma de María y qué misterio llevaba consigo.

3. Lo más importante de María (V. 42-45)

Muchos católicos se han hinchado a echar alabanzas raras a María. El evangelio es más sobrio y profundo. Y nos dice dónde está lo esencial.

  • Lo esencial está en la bienaventuranza que le dedica Isabel.
  • La grandeza de María se vio mucho más tarde, después de Pascua. Estamos, pues, en el terreno de la fe, no de la historia. Lo que dice Isabel aquí son palabras que el evangelista pone en su boca con la visión pascual. Ella se siente indigna de recibir a María.
4. Magníficat , primera parte: el misterio de María (V. 46-49)
  • Este hermoso canto es una construcción teológica de Lucas. Se llama “Magníficat” por la primera palabra de la versión latina. Con él el evangelista nos comunica el misterio de María y el misterio futuro de la Humanidad solidaria y plena.
  • Está inspirado en el Antiguo testamento y, sobre todo, en el canto de Ana, la madre de Samuel (1 Sm 2, 1-10), en el que da gracias por haberle concedido un hijo.
  • En este pasaje de Samuel, leemos cosas parecidas a las del Magnificat: “Mi corazón se alegra en el Señor. El arco de los fuertes se rompe y los débiles se ciñen de valor. Levanta del polvo al miserable, saca al pobre del estiércol. Él guarda los pasos de sus fieles, mientras los malvados perecen en las tinieblas”.
5. Magníficat: segunda parte: el misterio de la Humanidad asunta por Dios. V.50-55
  • La obra de Dios en María se extiende a todo Israel y a toda la Humanidad. Tal es la promesa hecha a Abrahán.
  • Lo que ahí dice lo ha hecho la Virgen de Guadalupe con Juan Diego y con todos los indígenas. Dios los elige; los levanta frente a los opresores prepotentes; los colma de bienes; realiza en ellos las promesas.